Después de las guerras mundiales, los océanos quedaron plagados de municiones y explosivos, rastros de conflictos que todavía hoy deben ser limpiados periódicamente por las fuerzas armadas. Me impacta imaginar esa herencia sumergida, una memoria bélica que descansa en el fondo del agua, invisible, pero presente, en ese contexto, el sonido aparece como una herramienta poderosa. No solo como medio de mapeo o escaneo submarino, sino como una forma de conocimiento: escuchar para entender. A través del sonido, se pueden leer los ecosistemas, seguir las rutas de las especies y detectar los daños que a simple vista no se ven. Pero también hay algo poético en todo esto: el sonido como un puente entre la ciencia, el arte y las comunidades.
En varios proyectos de la llamada “economía azul”, se graban los sonidos de ecosistemas marinos saludables y se reproducen en zonas más degradadas o con poca vida, para atraer especies y restaurar el equilibrio ecológico, lo más increíble es que esos mismos registros sonoros han sido utilizados por artistas para crear música, abriendo diálogos entre la biología, la tecnología y la sensibilidad humana; A partir de ahí, el arte se convierte en una forma de traducción: una manera de transformar los datos científicos en lenguajes emocionales y accesibles, que cualquier persona puede sentir y comprender.
Me quedó muy presente una idea: “el lenguaje que nosotros usamos no es tan sencillo de entender la mayor parte del tiempo, y ahí es donde se dan esas oportunidades para trabajar o colaborar con artistas.” Esa frase resume bien la necesidad de conversar entre disciplinas, de encontrar nuevas formas de comunicar lo que ocurre bajo la superficie.
También se habló de la migración ecológica y humana de los territorios marinos, y de cómo el océano es un espacio compartido, esencial para todos. En tiempos de negacionismo medioambiental, reconocer su importancia se vuelve un acto político, y, en medio de todo esto, el arte emerge como un agente de empoderamiento, especialmente desde el sur global, donde otras formas de conocimiento más sensibles, más integradas con la naturaleza pueden ofrecer respuestas distintas.
Quizás escuchar el mar,es una manera de reaprender nuestra relación con la Tierra, no desde la conquista ni la explotación, sino desde la atención, la colaboración y el cuidado.
viernes, 24 de octubre de 2025
Interfaces oceanicas: arte ciencia y futuros submarinos
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