sábado, 25 de octubre de 2025

Ecoexistencias para el porvenir

Me quedé pensando en la idea de ver la ciudad como un ecosistema con sus propios órganos. Me pareció una metáfora poderosa: cada parte las calles, los parques, las personas, las redes cumple una función vital dentro de un cuerpo más grande que respira, se transforma y a veces también enferma, esa visión me hizo pensar en cómo la cultura está profundamente conectada con la naturaleza, aunque muchas veces la tratemos como algo separado.

También se habló de cómo el mundo virtual ha adquirido un enorme valor cultural: allí existen tribus digitalizadas e inmortalizadas, como si internet fuera una especie de enciclopedia viva de las culturas indígenas, es curioso cómo lo ancestral y lo tecnológico se cruzan, y cómo ambos pueden servir como espejos para observarnos de hecho, la figura del espejo apareció como un objeto ancestral de observación, un símbolo que nos devuelve la mirada y nos obliga a reconocer nuestra propia relación con el entorno.
Otra idea que me quedó dando vueltas fue que el lenguaje separa lo humano de la naturaleza., nombrar las cosas implica clasificarlas, y al hacerlo, trazamos una frontera entre “nosotros” y “lo otro”. Sin embargo, la conferencia insistía en la interdependencia del humano con el ecosistema: somos parte del mismo flujo vital, aunque hayamos aprendido a pensarnos fuera de él.
También me pareció importante la confrontación entre el ecosistema y la economía. Vivimos en una estructura que mide el valor en términos de productividad y consumo, pero no en términos de cuidado o equilibrio. En ese punto surgió la idea de que la naturaleza es una invención cultural, una construcción desde la cual clasificamos todo lo que consideramos “externo al humano” y, por tanto, “disponible” para intervenir. Muy distinto al pensamiento ancestral, donde todo es naturaleza, y el humano no está fuera, sino dentro de ella, esa noción me llevó a pensar en lo que significa trasladar la empatía hacia la otredad: cuidar de la naturaleza, pero también de aquello que no entendemos o que hemos apartado. Es un gesto ético y político al mismo tiempo.
Finalmente, me gustó mucho cómo se planteó que el artista también se convierte en investigador, alguien que busca y genera conocimiento desde la sensibilidad, en ese sentido, el arte, la ciencia y la tecnología pueden dialogar entre sí, no como disciplinas separadas, sino como distintas formas de leer el mundo;El artista aparece como un agente político, capaz de crear narrativas para un futuro mejor, donde el cuidado, la empatía y la conciencia ecológica no sean excepción, sino base de nuestra manera de habitar.

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